MANUEL GRACIA MANUEL GRACIA

         En algún momento, una idea te seduce y te eleva a un lugar que está dentro de ti.

          M. Gracia.

AMBIENT/102 (2011) Óleo/tabla 190x190 (detalle)

Un recorrido por las abstracciones pictóricas de Manuel Gracia

 

Julio César Abad Vidal

 

 

Es probable considerar que el objetivo primero de la obra pictórica de Manuel Gracia (Madrid, 1964) sea el de comunicar a su espectador la vibrante experiencia de la propia ejecución de sus trabajos en una relación marcada por un impulso lírico. Y si así fuera, podría afirmarse que ha logrado su propósito. En efecto, en su quehacer se congrega una serie de atributos y aptitudes que podrían identificarse como una mirada educada, una mano instruida y una inquieta experimentación, particularidades guiadas por una vocación ejercitada con una asiduidad y una necesidad crecientes. En el estadio vigente de su andadura, la pintura se sitúa ya para Manuel Gracia como una opción vital.

 

Los años formativos de Gracia estuvieron marcados por las artes aplicadas y el diseño, por la urdimbre estética de espacios habitables. Una educación relacionada enteramente con el gusto. Su padre, dibujante y diseñador de interiores, pintaba a la acuarela a menudo junto a él. Continuador del oficio de su progenitor, también comparte con él la inclinación por los pinceles, lo que le condujo durante lustros a compaginar su actividad profesional con el cultivo de la pintura figurativa. No obstante, los primeros escarceos con las prácticas abstractas le confirmaron que era en la huida de la representación y en la experimentación más desinhibida de pigmentos, de planos y de procedimientos lo que le permitía un desarrollo más certero de sus inquietudes estéticas, cifradas en el encuentro, en sus propias palabras, de una “realidad espiritual”. Y lo hizo de modo tan deslumbrante que el resto le parecía ya lastrado por la palidez.

 

La obra de Manuel Gracia resulta anhelante en tanto lírica. En este sentido, el pintor ha afirmado en una confesión de su particular poética que, “en algún momento, una idea te seduce y te eleva a un lugar lejano que está dentro de ti”. En efecto, Manuel Gracia cultiva mediante la pintura una abstracción evocadora que invita a una comunión empática con el espectador. Reivindica así el arte pictórico como una instancia poética que se deguste apacible y serenamente. La ausencia de referencias concretas en sus títulos, que se limitan a identificar un número de opus de cada una de sus series, contribuye a no reducir la experiencia del espectador en una pauta interpretativa unívoca.

 

La extraordinariamente amplia investigación pictórica de Gracia parte del desarrollo de unos fondos trabajados con profusión, a los que se ha referido señalando que “el proceso creativo no sólo se produce en la superficie del cuadro, sino en los sustratos más profundos, en la infrapintura. Son las capas, con esas cualidades plásticas exclusivas de la pintura, que sólo se pueden percibir a corta distancia”.

 

Gracia emplea el caballete o pinta en horizontal, evolucionando el sentido del soporte, por lo que en ocasiones, los fluidos no se precipitan verticalmente hacia el término inferior, como marca la gravedad, sino que crea surcos de direcciones caprichosas, auxiliado en parte por el azar (como ocurre en Fluid 105  o en Tach 118), en parte por dispositivos mecánicos que insuflan aire o modifican la temperatura. Gracia pinta sobre lienzo y sobre tabla, con óleo, pigmentos al acrílico y esmalte. Y procede en sus obras a la incorporación puntual de collages, incisiones, barridos con espátulas o reglas, o a la aplicación de los pigmentos por pulverización o derramamientos. Sus desarrollos son parcialmente accidentales, gestuales y por ello no controlados por completo, junto a sucesiones, como ocurre en su serie Ambient, de ondas pintadas con óleo a pulso con tiralíneas. Y ha desarrollado ejercicios pictóricos en los que reinterpreta los elementos identificativos de tres maestros estadounidenses de la abstracción, como Jackson Pollock, Morris Louis o Robert Ryman, representantes de movimientos estéticos tan diversos como la pintura de acción (Action Painting), la pintura de campos de color (Color Field Painting) o el Minimalismo, respectivamente, lo que da cuenta del carácter ecuménico de su interés en ámbito de la abstracción pictórica.

 

En la actualidad, la obra de Manuel Gracia, desarrollada a través de diversos lenguajes pictóricos abstractos, ha alcanzado una madurez primera, inquieta y exclusiva. Gracia busca en la pintura como quien persigue el secreto del mundo. Su investigación parece nutrida del hálito acuciante de los alquímicos. La investigación con texturas, con pigmentos, con instrumentos, desvela, en definitiva, la inquietud de un auténtico pesquisidor. Abstracciones que son, propiamente, ensimismamientos, embelesamientos, embebecimientos. Y que reclaman la experiencia estética como una alternativa al orden deshumanizado, alienante y castrador de nuestra atribulada existencia.

                                               

                                                                                 

Julio César Abad Vidal. Doctor en Estética y Teoría de las Artes, comisario, crítico y curador de arte contemporáneo.